Rossana Migliónico

Literatura, publicidad, docencia y otros

Para empezar a trabajar con la Biblia

La Biblia es el libro más difundido del mundo. Si bien es un texto religioso (hay personas que consideran a su contenido como sagrado, inspirado por Dios a sus escritores), contiene una serie de normas de conducta e ideas, que están presentes en la moral y hasta en las leyes de prácticamente todo el mundo occidental. Por eso consideramos a este libro como un pilar de nuestra cultura.
La palabra “biblia” (femenino, singular) proviene de “biblos” (masculino, plural), que significa “los libros”, y se usó desde los inicios para designar a los libros sagrados, inspirados por Dios, respecto de cómo deben vivir sus fieles. Justamente por tener las normas a cumplir, los hebreos le llamaban también “la ley” (Torah), aunque comprendían tres tipos de textos: además de la Torah (ley), están los libros de los profetas (Nebiim) y otro conjunto de libros sagrados (ketubiim), todo lo cual lo abreviaban también llamándole TNK. En suma, con la denominación de “Biblia”, nos referimos a un conjunto de libros de carácter religioso, que son los que dan base a la religión hebrea y a varias religiones cristianas.
La Biblia comprende dos partes:
Antiguo Testamento: es la parte que trata de la Antigua Alianza (“testamento” significa pacto, o alianza), celebrada entre Abraham –el primer patriarca del pueblo hebreo– y Yahveh –nombre que los hebreos daban a Dios–, y que sirvió de base para que el pueblo hebreo se constituyera como nación. Los hebreos, hasta la actualidad, creen solamente en esta parte de la Biblia.
Nuevo Testamento: es el conjunto de libros relativos a la Nueva alianza celebrada entre Dios y toda la humanidad, a través de su hijo Jesús o Jesucristo (Jesús de Nazareth fue una persona real, que existió, y que predicó al mundo una nueva doctrina basada en el amor, la solidaridad, el perdón, el sacrificio, como fuentes de salvación, es decir, de obtener la vida eterna. Se consideró hijo de Dios y las personas con fe religiosa así lo creen también). A partir de la venida de Jesús, el pacto trasciende a todos los que quieran creer en esta doctrina, por lo cual ya la figura de este dios, deja de ser exclusiva del pueblo judío.
No todas las biblias contienen exactamente los mismos libros, sino que existen distintos criterios surgidos a través del tiempo y los contextos, para determinar cuáles libros son verdaderamente sagrados y cuáles no. Por eso muchas veces veremos la palabra “canon” (palabra que significa “vara” o “medida”), y tiene el sentido de definir una lista de libros que, en ese caso, son los que se consideran sagrados o verdaderamente inspirados por Dios. Por ejemplo, el canon hebreo incluye los textos del Antiguo Testamento, por la razón antes explicada.

Los libros del Antiguo Testamento fueron escritos en hebreo y algunos en arameo, en tanto otros de los textos de la Biblia fueron escritos en griego.

Desde su creación hasta la actualidad los textos originales han sido revisados y corregidos en numerosas oportunidades, por las siguientes razones: se ha querido ordenar a los libros de la Biblia de acuerdo a distintos criterios, y también en ocasiones, se han hecho traducciones tendenciosas, es decir, que no procuraron ser imparciales, sino que trataron de “hacerle decir” al texto original lo que más convenía a sus intereses. Pero además, el texto original no estaba separado en palabras, con el agravante de que en hebreo se incluyen solamente las consonantes, y, además si una palabra terminaba en la misma consonante que la inicial de la siguiente, se escribía una vez sola. Esto favorecía también las diversas interpretaciones.

A su vez, a la separación de aquel texto inicial en las palabras correspondientes, se le sumó la división en versículos y en capítulos, cuya numeración data del siglo XVI de nuestra Era, y persigue una finalidad didáctica: en un libro tan vasto, sería prácticamente imposible localizar las citas textuales sin este agregado. En cambio así, es muy accesible: se nombra al libro de referencia, se escribe luego el número de capítulo (en números romanos, o bien en arábigos de mayor tamaño) y finalmente el o los números de los versículos comprendidos en la cita: Por ejemplo:

GEN, II 6-8 (significa “Génesis”,  capítulo dos, versículos seis al ocho)

LUCAS, 3 12-18 (Evangelio según San Lucas, capítulo 3, versículos doce al dieciocho)

Abril 29, 2009 - Publicado por rossami | Literatura de 5to. | , , , | 1 comentario

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  1. me fue re util tu material gracias

    Comment por jessi | Mayo 11, 2009 | Responder


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